


Arquitectos de Madrid: Juan de Villanueva
Frente a los excesos ornamentales del Barroco final, a mediados del s. XVIII se extiende desde Francia el Neoclasicismo, un estilo basado en la recuperación de los modelos clásicos, sobre todo griegos, que reacciona al arte aristocrático y al que se adscribe la nueva clase social pujante, la burguesía. Esta corriente se desarrolla según los principios de la Ilustración, interesada por racionalizar y normalizar todos los ámbitos del saber, y al amparo de la cual surgen instituciones como los museos o las Academias, como la Academia de Bellas Artes de San Fernando (1752). De esta manera, rompiendo con la etapa anterior, la arquitectura apostará por la proporción y la sencillez, con edificios funcionales que siguen los órdenes clásicos y en los que la estructura está por delante de la decoración. En Madrid, el mejor representante del Neoclasicismo será Juan de Villanueva
Breve reseña biográfica
Juan de Villanueva (Madrid, 1739 - 1811)
Nacido en Madrid en septiembre de 1739, era hijo de Juan de Villanueva y Barbales, uno de los cofundadores de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y hermanastro de Diego, 26 años mayor que él, también arquitecto y profesor de la Academia, que se encarga de su formación cuando sólo era un niño.
Fue uno de los primeros alumnos de la Real Academia, donde tras finalizar una trayectoria brillante, consigue una de las dos pensiones que concedía la Academia en Roma. Villanueva permanece en Italia durante casi seis años, en los que conoce las ruinas de Pompeya, Herculano y Paestum (excavaciones promovidas por el futuro rey Carlos III).
Al regresar, y tras un viaje por Andalucía para dibujar la arquitectura árabe, que le valió el nombramiento como académico de mérito, la orden de los jerónimos le reclama para mantener el Monasterio de El Escorial.
Su ascenso definitivo se da a partir de la década de 1780, cuando es nombrado director honorario de Arquitectura de la Academia, arquitecto Mayor de Madrid, maestro Mayor de los Sitios Reales y, tras morir Sabatini, director de obras de Palacio en 1797.
El 22 de agosto de 1811, poco antes de cumplir 72 años, Villanueva fallece en su casa de la calle San Pedro y San Pablo. Será enterrado en la parroquia de San Sebastián. Su legado abarcará hasta bien entrado el siglo XIX gracias al trabajo de discípulos como Antonio e Isidro González Velázquez o Antonio López Aguado.
Obra
Sus trabajos en el Monasterio de El Escorial le acercaron al rey y a la corte, que empiezan a hacerle encargos como la Casita de Arriba y la Casita del Príncipe, la de Infantes y la del Ministro de Estado, en El Escorial, o la reconstrucción del Palacio de El Pardo.
A estos trabajos en Madrid, algunos no construidos, como su proyecto para la Puerta de Recoletos, o un Lazareto (hospital para enfermedades infecciosas), se irán sumando otros en Segovia, Burgo de Osma o Palencia.
Su gran legado madrileño es el programa de construcciones relacionadas con el proyecto científico que impulsa el conde de Floridablanca para el Paseo del Prado: el Museo de Ciencias Naturales, hoy Museo del Prado, el Observatorio Astronómico y la puerta de acceso al Jardín Botánico, entre otros.
Es de señalar también el Oratorio de Caballero de Gracia, fundamental en el neoclásico madrileño, la sede de la Academia de la Historia o la ampliación del Palacio del Senado, antiguo colegio-convento de doña María de Aragón.
En trabajos civiles, destacan las reformas tras los incendios de la antigua Cárcel de la Villa (hoy palacio de Santa Cruz) y de la Plaza Mayor en 1790, que él mismo dibujó, o el conocido como Túnel de Bonaparte, que conectaba el Palacio Real con la Casa de Campo y que dejaría inacabado a su muerte.