
La necrópolis tardorromana de Móstoles
El mundo funerario tardorromano
La necrópolis tardorromana de Móstoles
Inicialmente se localizaron diez estructuras: siete inhumaciones en fosa, dos enterramientos infantiles depositados y cubiertos por ímbrices (tejas) y una pequeña estructura circular que no aportó material alguno. Posteriormente se documentaron cuatro inhumaciones más, de las cuales dos no ofrecieron restos óseos, pero si parte del ajuar funerario.
Todos los enterramientos de adultos eran individuales, con fosas excavadas en el terreno de forma rectangular y con las esquinas redondeadas. En tres casos al menos se han podido documentar conductos para libaciones o profusio formados por dos ímbrices contrapuestos, colocados sobre la cabeza del cadáver.
Las inhumaciones presentan dos tipos de cubrición: con tierra, formando un pequeño montículo o con cubierta de tejas. Todos estos ímbrices corresponden a un mismo patrón de 66 x 25 cm, destacando su fabricación con molde bivalvo.
Todas las inhumaciones en fosa, excepto una, han aportado clavos de hierro que por su posición se interpretan como restos de ataúdes. Los cadáveres estaban depositados en posición de decúbito supino, con los brazos junto al cuerpo y las manos sobre la pelvis o las caderas.
Diez de las trece inhumaciones han proporcionado ajuar, que aparece situado a los pies del difunto o junto a la cabeza. Se trata de enseres personales de la vida cotidiana tales como una aguja de bronce, una plomada, restos de calzado (testimoniado por las tachuelas de hierro) un ungüentario de vidrio, piezas de vajilla pertenecientes al difunto o los recipientes que se utilizaron en el banquete funerario, que fueron colocados junto al cadáver con comida y bebida para acompañar al difunto en su último viaje.
Gracias a las fuentes literarias se conocen los detalles del ritual y sus diferentes etapas. Comenzaba con la purificación del sepulcro o suffitio, un rito de agua y fuego. En la misma jornada se realizaban ofrendas o libaciones en honor a los dioses Manes y se llevaba a cabo un banquete funerario o silicernium, en el que vivos y muertos participaban. Previamente se había realizado el sacrificio de la porca praesentanea (sacrificio de una cerda delante de los asistentes como elemento purificador tanto para el difunto como para la familia) que era consumida durante el banquete.
La necrópolis de Móstoles, fechada entre el último tercio del siglo III y la segunda mitad del siglo IV después de Cristo, es un excelente ejemplo del ritual funerario de la época en el interior de la Península Ibérica.
Actuación arqueológica
El hallazgo de la necrópolis tardorromana de Móstoles se produjo durante los trabajos de control arqueológico de los movimientos de tierras realizados en el solar de la calle Gerona nº 4, donde estaba prevista la construcción de un edificio.