
Yacimiento arqueológico El Baldío
El poblamiento antiguo de la ribera del arroyo Guatén
El Baldío (Torrejón de Velasco)
Se localiza en la margen izquierda del arroyo del Guatén, tributario del río Tajo, en una extensa llanura que va descendiendo suavemente en dirección al arroyo. El territorio goza de una amplia visibilidad sobre el valle y los escarpes donde se encuentra el yacimiento paleontológico del Cerro de los Batallones.
A juzgar por las estructuras documentadas, este lugar estuvo ya habitado al menos desde la Edad del Bronce. La fase cultural mejor representada es la de la Edad del Hierro, de la que se ha documentado una interesante secuencia estratigráfica que permite obtener una visión aproximada de cómo fue la evolución general del lugar y cómo los espacios domésticos se fueron transformando y organizando según las necesidades de los pobladores.
De la Edad del Bronce se pueden distinguir dos periodos. El más antiguo estaría representado por las fosas o silos de almacenamiento. Al siguiente (siglos IX - VIII antes de Cristo) pertenecerían otras fosas menos profundas con restos cerámicos propios del Bronce Final tales como cuencos y platos de carenas altas.
De la Primera Edad del Hierro se documentaron una serie de fosas de pequeño tamaño junto a adobes con enlucido blanquecino en sus caras, que podrían indicar la presencia de un espacio doméstico formado por cabañas que ha sido fechado por los materiales cerámicos a partir de los siglos VII - VI antes de Cristo. Las cerámicas de este periodo están todas hechas a mano, son de buena calidad, de pastas oscuras y acabados bruñidos o espatulados. Las formas más representadas son cuencos troncocónicos, platos, vasos de paredes rectas y vasijas de forma globular.
Durante los siglos IV - III a. C. las construcciones carpetanas son todavía estructuras de carácter perecedero, simples cabañas delimitadas mediante zanjas, con apoyos internos de postes, en ocasiones calzados con piedras, cerámica o adobes.
Entre los siglos III - II a. C., llegando quizá hasta los inicios del siglo I a. C., es cuando se produce un mayor desarrollo urbanístico y la configuración de una red de caminos que ponen en comunicación los diferentes espacios de habitación y actividad. Las casas son de planta rectangular, con cimientos de piedra, paredes de adobe y suelos de tierra batida. Las habitaciones se van superponiendo, aumentando progresivamente su calidad constructiva y el número de dependencias auxiliares, circunstancia que indica que cada vez es mayor la complejidad de las actividades productivas y residenciales.
Los restos de escorias y algunas de las fosas interpretadas como posibles hornos metalúrgicos indican el desarrollo de una actividad industrial de tipo doméstico relacionada con la fundición de hierro.
Las cerámicas son de buena calidad, con pastas de colores claros y con acabados alisados o con pintura a bandas en tono rojo vinoso o anaranjado. El principal motivo decorativo de la cerámica pintada es de tipo geométrico: bandas paralelas, círculos concéntricos, semicírculos y segmentos de círculo.
Tan solo se recuperaron tres objetos de bronce, dos de ellos completos, relacionados con el adorno personal, un brazalete, una varilla y una fíbula anular hispánica.
De esta etapa debe ser la delimitación del perímetro del yacimiento mediante un muro que indicaría la existencia de un espacio vinculado al poblado, un área de influencia que incluiría el territorio de aprovechamiento agrícola.
Imágenes
Actuación arqueológica
El yacimiento se detectó durante la fase de peritación arqueológica realizada previamente a los trabajos de construcción de la Autopista de Peaje Madrid - Ocaña (Radial-4) concretamente entre los punto kilométricos 8,580 y 9,260.