
Yacimiento Monte de la Villa
Arqueología junto la Ruta de los pantanos
Monte de la Villa
Se localiza en el sector noroeste del término municipal de Villaviciosa de Odón, al borde de la carretera M – 511, popularmente conocida como "Ruta de los pantanos". Su emplazamiento, en una zona de suaves laderas que descienden hacia arroyo de la Vega, permitía la explotación de los recursos agrícolas. El lugar disponía además de una cercana vía de comunicación: la Vía 24 del Itinerario de Antonino.
Se localizaron dos tipos de contextos, uno de época romana altoimperial, fechado entre los siglos I y II después de Cristo, en el que destaca la cerámica terra sigillata, representada sobre todo en platos y cuencos con decoraciones de líneas onduladas y círculos y otro de época altomedieval, con una sola fase de ocupación situada entre siglos VIII y IX d.C., correspondiente a un asentamiento rural de carácter agropecuario en el que se localizaron hasta 75 silos y cubetas subterráneos de almacenamiento. Estos silos están ampliamente documentados durante la época visigoda tanto en contextos domésticos como eclesiásticos y monásticos. Son todos muy similares, de planta circular, sin tratamiento ni revestimiento de las paredes y secciones generalmente globulares.
Durante la excavación se recuperaron en los rellenos de amortización de algunos silos numerosos fragmentos de piedra de molino realizados en granito. También fueron empleados como lajas de cubrición de las sepulturas. Estos molinos ratifican el carácter agrícola del asentamiento, así como la explotación de cultivos cerealísticos y el posterior procesamiento del grano para la obtención de harina.
Se excavaron asimismo varios fondos de cabaña de planta rectangular y esquinas redondeadas, que en algunos casos presentaban una rampa de acceso. Se encontraron restos de adobes, seguramente de sus paredes. Las cubiertas de estas cabañas serian de madera o de materias vegetales, con una cubrición a dos aguas.
Las cerámicas encontradas son, en su mayoría, ollas y cuencos de cocina, de factura tosca, sin decoración y con predominio de la realizada a mano y torneta. Además de la cerámica, aparecieron fragmentos de vidrio de gran calidad y paredes muy finas, de color azul verdoso, que por sus características parecen ser copas y cuencos válidos para el servicio de mesa.
En definitiva, se trataría de un asentamiento rural de carácter agropecuario, con una cronología comprendida entre los siglos VIII y IX d. C.
Son interesantes los restos de piedras edilicias, entre las cuales apareció una venera esculpida en caliza, lo que podría indicar la presencia de un edificio singular en las proximidades.
La Necrópolis
La existencia de una necrópolis, documentada y excavada en parte, descarta el posible uso estacional del asentamiento. Todas las tumbas son fosas de inhumación individual a excepción de una, que puede considerarse de cista. Destacan algunas, tanto de individuos infantiles como adultos, en las que se han reutilizado piedras de moler colocándolas a modo de cubierta. La orientación de todas las sepulturas, es la que prevalece en las necrópolis visigodas, Este-Oeste, con la cabeza mirando hacia el sol naciente. Los individuos, sin excepción, estaban enterrados en posición decúbito supino. La posición de los brazos varía, pudiendo estar pegados al cuerpo, sobre la pelvis o sobre el abdomen.
Es destacable la ausencia total de objetos, tanto de ajuares como de adorno personal, así como la ausencia de reducciones de esqueletos. Tampoco se encontraron elementos que indiquen restos de ataúdes, parihuelas o simples maderas ensambladas, ya que no se han hallado clavos, grapas, abrazaderas, alcayatas o residuos vegetales, por lo que es posible que los individuos fueran envueltos en un lienzo y depositados sobre la tierra.
Las favorables características del paraje en el que se encuentra enclavado El Monte de la Villa incidieron seguramente en la perduración del poblamiento del lugar.