
Casa de Hippolytus
La llamada Casa de Hippolytus constituye un espacio tremendamente singular
Casa de Hippolytus
Debe su nombre a la firma del artífice del mosaico principal del edificio, si bien pertenecería a la familia de los Anios. Este complejo, localizado en los suburbios de Complutum, fue construido entre finales del siglo III o comienzos del IV sobre estructuras del siglo I. Se trataba de un edificio destinado al ocio, con unas pequeñas termas y un complejo jardín con espacios para reuniones y banquetes. Completaba el conjunto un mausoleo funerario. Posteriormente, a finales del siglo IV, este espacio se reconfiguró como necrópolis, muy probablemente vinculada con una iglesia.
Los restos arqueológicos denominados “Casa de Hippolytus” corresponden a un edificio situado en los suburbios más inmediatos al norte de la ciudad de Complutum. A pesar de su nombre, el edificio no era una vivienda, sino un conjunto de espacios para ocio y esparcimiento. Los restos visitables corresponden a un recinto construido en su mayor parte hacia el año 300 d.C., sobre estructuras más antiguas de época Flavia. En su mayoría se trata de salas termales. La gran sala central, que correspondería con un frigidarium con dos piscinas, estaba pavimentada con un gran mosaico geométrico con un emblema figurado, firmado por Hippolytus, que contenía una escena de pesca en la que se representa a tres niños pescadores rodeados por una selección de la peces del Mediterráneo (pulpo, calamar, delfín, atún, erizo, murena….), con una muy probable función didáctica. Esta firma da nombre al edificio que, sin embargo, pertenecería a los Anios, importante familia cuyo nombre también aparece en el mosaico indicando la propiedad. También hay dos salas calefactadas (tepidarium o caldarium) y una muy probable sauna (sudatio), así como el praefurnium desde el que se alimentaban los hornos del sistema de calefacción bajo el suelo o hipocaustum. Además, habría otras salas entre las que destacan unas letrinas de grandes dimensiones, también con pavimento de mosaico, y un pozo que se surtía de aguas mineralizadas.
Probablemente este conjunto formaría parte de un espacio más amplio, que incorporaría una cierta extensión de jardines. Aunque solo se ha intervenido en la zona inmediata al edifico principal, y se desconoce su extensión exacta, constituye uno de los pocos jardines romanos documentados con precisión en España. El jardín cuenta con una zona específica para reuniones, compuesta de ocho bancos corridos semicirculares abiertos a un paseo, con capacidad para sesenta u ochenta personas.
Conocemos las especies vegetales y faunísticas que lo poblaron gracias a los análisis, pudiendo afirmar que las especies autóctonas convivirían con otras de procedencia exótica y creando un ambiente de inspiración oriental: cedros, jazmines, tilos, palmitos y pelícanos… lo que denota un importante esfuerzo constructivo para la adquisición de animales exóticos y plantas singulares, traídos desde tierras muy remotas.
Además, el complejo contaría con un mausoleo funerario del que solo se conserva una inscripción dedicada a Hércules por Magia Atia y Gayo Anio.
A partir de un momento sin definir durante el siglo IV, el uso de este espacio cambió sustancialmente. En la zona norte se ha documentado una necrópolis de inhumación, mientras que en la zona central, el antiguo frigidarium, se produjo una importante reforma de los espacios para habilitar muy probablemente una iglesia cristiana.
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Actuación arqueológica
En lo que a la investigación se refiere, las primeras excavaciones de este espacio se realizaron en 1881, si bien esta documentación se ha perdido casi por completo. La construcción de la Segunda Ciudad Deportiva de Alcalá, en 1990, motivó un seguimiento arqueológico que permitió definir el yacimiento y reactivar los estudios. Los importantes resultados científicos obtenidos, la rareza del espacio arqueológico y las posibilidades de los restos descubiertos como recurso patrimonial, educativo y turístico, motivaron el desarrollo de las intervenciones, todo ello bajo la valorización de Complutum por parte del Ayuntamiento y la inclusión en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1998. De esta manera se convirtió, en marzo de 1999, en el primer yacimiento visitable de la Comunidad de Madrid. Con posterioridad se han desarrollado acciones de mejora en la musealización (2003) y en la propia cubierta (2013-2014), así como de restauración y pequeñas excavaciones en el yacimiento (2015).
Una de las fortalezas de este yacimiento ha sido su capacidad para generar diversas lecturas y debate científico: la hipótesis tradicional defiende que se trataba de un lugar de reunión para una agrupación de la ciudad. Otros autores han incidido más en su vertiente de balneario.
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