POR VEZ PRIMERA, IMÁGENES Y JUGUETES APARECEN DE LA MANO EN UNA NOVEDOSA PROPUESTA QUE PERMITE EXPLORAR LA MEMORIA INFANTIL DESDE DOS DIMENSIONES: LA VISUAL Y LA MATERIAL
'¡Me lo pido! Juguetes en el Madrid de nuestra infancia' es una nueva apuesta de los Archivos de la Comunidad de Madrid para la difusión de su patrimonio documental. La Colección Madrileños y los fondos Cristóbal Portillo, Diputación Provincial de Madrid, Galerías Preciados, Gerardo Contreras, Martín Santos Yubero y Nicolás Muller, todos ellos conservados en el Archivo Regional, junto a una variada selección de juegos y juguetes pertenecientes a la Colección Quiroga – Monte, son los responsables de este fantástico recorrido, que abarca las primeras ocho décadas del siglo XX. La exposición, dirigida a todos los públicos, contará con visitas guiadas y todos los asistentes recibirán un catálogo gratuito que podrá descargarse a través del Portal de Archivos de la Comunidad de Madrid y podrá visitarse desde el 14 de octubre al 8 de febrero en la Sala de Exposiciones 'Cristóbal Portillo' en el Complejo 'El Águila'.

Mariano de Paco Serrano, Consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, inauguró la exposición. En la foto con los propietarios de la colección Quiroga – Monte, miembros de la Familia Moreno y el Subdirector General de Archivos y Gestión Documental, Javier Díez Llamazares.
14 octubre 2025
Por vez primera, imágenes y juguetes aparecen de la mano en una novedosa propuesta que permite explorar la memoria infantil desde dos dimensiones: la visual y la material. Las instantáneas invitan a mirar atrás y revivir momentos únicos, mientras que los juguetes reducen la estatura del mundo al nivel de la mirada de los niños. A su innegable componente lúdico, esta muestra añade un valor sentimental convirtiendo a los visitantes en los niños que fueron para trasladarles a la habitación de su infancia, a los escaparates de los grandes almacenes de la capital y a los parques en los que compartían juegos con sus amigos o pedaleaban al ritmo incansable de sus bicicletas.
Pero la magia de esta exposición hace posible que no sólo los mayores puedan disfrutar de ella a través de fotografías, documentos textuales, revistas, material audiovisual y piezas de colección. Los escenarios recreados en diferentes ambientes –el salón, la habitación de las muñecas, el dormitorio de los chicos, la mañana de Reyes o jugando en la calle– aportan un ingrediente inmersivo para que los más pequeños descubran cómo desarrollaban la fantasía, el ingenio y la creatividad sus padres y abuelos, cuando éstos tenían sus mismas edades.

El catálogo de la exposición, con 96 páginas, es gratuito para todos los asistentes y puede verse y descargarse a través del Portal de Archivos de la Comunidad de Madrid.
Además de un reencuentro con la niñez, '¡Me lo pido! Juguetes en el Madrid de nuestra infancia' es también una ocasión irrepetible para descubrir los juegos y juguetes que marcaron la infancia de los madrileños, transformándose así en un gran escaparate donde poder contemplar algunos de los más icónicos del siglo pasado. El resultado es un viaje a un tiempo en el que los juguetes fueron el epicentro de experiencias vitales de aprendizaje, crecimiento personal, establecimiento de vínculos profundos y creación de recuerdos que permanecen inalterables en la memoria y en el corazón.
Jugueteros de Madrid
La exposición dedica el primero de sus apartados a los fabricantes de juguetes madrileños que, con su imaginación y destreza, contribuyeron al desarrollo de esta industria en todo el país realizando importantes creaciones que hoy siguen en la memoria de muchos. Luis Moreno, máximo exponente en la fabricación de juguetes de hojalata, y José Florido, padre de Mariquita Pérez, Bombón o Pelusín son, sin duda alguna, magníficos representantes de esos emprendedores que hicieron historia.
Ambos patentaron sus creaciones y recibieron destacados premios, que pueden contemplarse en la exposición, como las medallas de plata concedidas a Moreno en la Exposición de Industrias de Madrid, celebrada en 1907, y en la Exposición Nacional de Juguetes de 1924 en la que participaron 56 empresas, entre ellas Florido, que también recibió la medalla de plata por su muñeca andadora, patentada en 1922.

1922. Memoria descriptiva que se acompaña a la patente de invención por veinte años en España a favor de José Florido por un muñeco de cartón. Ministerio de Industria y Turismo. Oficina Española de Patentes y Marcas, O.A. Archivo. Fondo Histórico P_83230.
La industria juguetera de Madrid también se sustentó del trabajo desarrollado por pequeñas empresas como Flus, propiedad del dibujante Carlos Arveras, o de negocios familiares, como la fábrica de juguetes Rivera, en Colmenar de Oreja. Sin embargo, todo este trabajo de creación de nada hubiera servido de no haber contado con los grandes bazares de la capital, como el Bazar León, el Bazar Horta, el Bazar Matey o el Gran Bazar de la Unión, para la distribución y venta de sus creaciones. Estos establecimientos, junto a los grandes comercios de la capital y las pequeñas tiendas de barrio convirtieron sus escaparates en ventanas abiertas al mundo de la fantasía, alimentando la ilusión de unos niños para los que el tiempo dejaba de existir.

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1959. Contemplando los nuevos juguetes del escaparate. ARCM. Fondo Martín Santos Yubero. Signatura 16529_7. |
Rivalizando con aquellos hipnóticos escaparates, aparecieron catálogos ilustrados, como los que pueden verse en la exposición, que mostraban el repertorio de juguetes que podían adquirirse en el comercio de turno. Ser poseedor de uno de ellos permitía la contemplación y el deleite, durante horas y horas, de todo un mundo de posibilidades para realizar la mejor elección en el colegio con los amigos o desde el sofá de casa.
Beneficencia y Reyes Magos
Las administraciones públicas, instituciones y organizaciones benéficas madrileñas tuvieron durante mucho tiempo un papel destacado en la Navidad de aquellos niños que, a pesar de haber nacido en hogares menos favorecidos, también soñaban con la visita de Sus Majestades de Oriente cargados de regalos. Buen ejemplo de ello fue la Diputación Provincial de Madrid, que durante mucho tiempo se encargó de alimentar esos sueños infantiles llevando juguetes a los hospitales, hospicios y colegios bajo su tutela para que ningún niño sintiera la tristeza de no tener una muñeca de trapo a la que abrazarse o un juego de mesa que compartir con sus amigos.
En los documentos que encontramos en esta exposición puede verse la gestión realizada, la relación de juguetes encargados, los comercios que los sirvieron y los precios de los mismos. Ello, unido a las imágenes que nos muestran las caras de ilusión de esos pequeños al recibirlos rescata y pone en valor la larga tradición de un Madrid que ha tratado de atender desde hace siglos a los menos afortunados.
'¡Me lo pido! Juguetes en el Madrid de nuestra infancia' dedica un espacio a la festividad de los Reyes Magos, que constituía uno de los momentos más simbólicos de la niñez española. El Día de Reyes se convertía en un rito colectivo cargado de deseo, espera y alegría. La carta escrita con ilusión, la sorpresa al amanecer y la fotografía que inmortalizaba ese instante componían una secuencia repetida, generación tras generación. Así, podemos encontrar piezas tan curiosas como las plantillas de carta a los Reyes Magos de los años 50, modelo de chica y chico, con distinto color y diseño o la divertida postal publicitaria de los Almacenes Mazón en la que se insertan la fotografía realizada a sus pequeños clientes junto a los Reyes Magos y sus pajes.

Diferentes imágenes de la exposición.
Jugando en casa y en la calle
Otro de los apartados de la exposición hace una parada en los hogares madrileños en el que encontramos preciosas imágenes de niños transformando el salón de casa en pista de carreras, estación de tren o sala de cine con juguetes recordados por todos como Scalextric y Exin Castillos; colonizando la alfombra, que apenas si se vislumbra, porque fue invadida por un Meccano o toda una ciudad construida con Tente; en el pasillo con la pelota o el coche teledirigido Tiburón Citroën; o sobre la cama, con un montón de muñecas que cobran vida con el poder de la imaginación, entre ellas, Mariquita Pérez, Gisela, Nancy, Nenuco o Barriguitas.
El último de los apartados nos muestra a los niños robando espacio a los coches que circulaban por avenidas poco transitadas o haciéndose dueños de plazas, parques y jardines, porque cualquier lugar era perfecto para reunirse con los amigos. Esta dimensión comunitaria del entretenimiento, recuperada en imágenes fotográficas y objetos de juego, invita a reflexionar sobre el valor de lo compartido y sobre cómo las actividades lúdicas callejeras contribuyeron a construir la memoria social de infancias enteras.
Jugar en la calle adquiría una dimensión distinta, liberadora, porque a los niños del siglo XX se les permitía salir solos, hacia la aventura, lejos de los ojos observadores de sus padres. En esos espacios, considerados como territorio propio, interactuaban, aprendían a trabajar en equipo y a resolver conflictos, creando sus propias reglas y escenarios. Coches a pedales, bicicletas, triciclos, peonzas, pelotas, diábolos, una cuerda o una simple goma elástica, todo se convertía en una experiencia única e irrepetible para probar habilidades físicas, poner en marcha la imaginación y crear lazos de socialización.

La exposición cuenta con diversos escenarios que aportan un ingrediente inmersivo trasladando a los visitantes a los días de su infancia.







