Levantamiento y restauración del puente junto a Monasterio sobre el río Guadarrama
El puente, de sillería de granito de muy buena calidad, tiene un esquema de cuatro ojos, con bóvedas de medio punto y salva el río Guadarrama en el camino que unía las fincas del Campillo y de Monasterio, en San Lorenzo de El Escorial y El Escorial
Puente junto a Monasterio sobre el río Guadarrama en San Lorenzo de El Escorial y El Escorial (Madrid)
Fue construido en el siglo XVII como sustitución de un puente de madera. Antes de comenzar las obras de restauración, se encontraba oculto por la maleza, con parte de sus pretiles desprendidos y amenazando ruina.
La restauración ha permitido conocer el cuarto ojo del puente y devolver la sillería caída a su lugar original.
El puente, construido íntegramente en sillería de granito, tiene cuatro ojos con bóvedas de medio punto de una sola rosca de dovelas.
Las tres pilas intermedias cuentan con tajamares aguas arriba para disminuir la presión de la corriente sobre los soportes. El tablero se asienta sobre los cuatro arcos, quedando protegidos sus lados por sendos pretiles. Existe una imposta lisa a la altura del tablero sobre la que descansa el pretil realizado mediante piezas rectangulares. En los extremos del pretil se alzan grandes machones de sillería coronados por un chapitel, un pináculo y una bola. Junto al acceso oriental, en el lado sur, se conservan los restos de la puerta de entrada.
Durante la última década del siglo XVI, Felipe II compró una serie de propiedades con el objetivo de crear dos nuevas fincas de recreo cercanas al Real Sitio de El Escorial. En el marco de este proyecto, el monarca mandó construir tres puentes de madera en el camino que unía el Campillo y el Monasterio entre 1595 y 1596.
Años después, el prior del monasterio de San Lorenzo del Escorial solicitó al rey Felipe III la reedificación de los puentes de madera. En 1621 comenzaron las obras de conservación y mejora del camino bajo la dirección de Juan Gómez de Mora. Los puentes antiguos se sustituyen por otros más sólidos construidos en sillería. Debido a una serie de dificultades económicas las obras se prolongaron hasta 1624.
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Restauración
Antes de comenzar las obras de restauración este importante exponente de la ingeniería de comienzos del siglo XVII estaba completamente oculto por la maleza y el tablero cubierto de tierra. Además, gran parte de los pretiles y de los machones que lo remataban se encontraban desprendidos y tan solo se conservaba en su sitio uno, encontrándose en un lamentable estado.
Las labores de restauración comenzaron con la limpieza y desbroce de la estructura, realizándose trabajos arqueológicos. Posteriormente comenzaron las tareas de restauración propiamente dichas, dotando de apoyo adecuado a las jambas de acceso y recuperando volumétricamente la jamba norte.
Gracias a la recuperación de materiales originales que se encontraban en el lecho del río fue posible reponer gran parte del empedrado del pavimento y colocar las piezas de los pretiles siguiendo la traza que marcaban los sillares de las impostas que remataban los laterales del tablero. Para finalizar se llevó a cabo una limpieza integral y el saneamiento de las fábricas a las que se aplicó una capa de protección de cara a reducir la absorción de agua.
La intervención no solo ha hecho posible detener el deterioro del puente y devolverle en gran medida su aspecto original, sino que ha permitido conocer aspectos estructurales hasta ahora desconocidos. De este modo se ha podido documentar como, con la intención de modificar la rasante original, se habían realizado rellenos sucesivos. En este mismo sentido se ha podido comprobar que el tamaño del puente era mayor de lo esperado, así como el auténtico gálibo del tablero que tiene una curvatura considerable. Además, al retirase estas tierras y maleza, se ha desenterrado el cuarto ojo del puente, desconocido hasta el momento.
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